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Libresfera, ¡de nuevo en la red!

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Me presento. Soy “el  nuevo”.

Me llamo Alejandro y tengo veintidós años. De origen extremeño, me dedico a diseñar y desarrollar páginas web. Apasionado de todo tema que concierna al mundo de la informática, especialmente si se trata del mundo del software libre. Llevo usando desde los quince años, de casualidad,  Debian GNU/Linux y desde entonces no he parado. Mi historia en este mundillo empezó concretamente con un disco de instalación de Debian Lennix, (distribución extremeña basada en la por aquella época vigente, Debian Lenny 5.0). Obtuve el disco de manos de un gran amigo, que a su vez lo consiguió gracias a su padre, empleado de la Junta de Extremadura.

Por aquella época, a los empleados les daban el disco con la finalidad de instalarlo y probarlo también en sus ordenadores personales. Aunque ya conocía la existencia de GNU/Linux no me había animado nunca a probarlo. Pasada una semana decidí  instalarlo. Mi máquina de entonces era un sobremesa HP Vectra con Intel Pentium III y 512 MB de memoria RAM, no recuerdo más al respecto. Aún así fue suficiente requisito para instalarlo en modo gráfico. De entrada ya me impresionó lo trabajada que estaba dicha forma de instalación, sólo había probado sistemas operativos de la familia Windows NT, máxima versión Windows XP, y sinceramente, sus instaladores dejaban mucho que desear. Entusiasmado comencé el proceso de instalación y en menos de una hora ya estaba reiniciando, listo para probar mi nuevo sistema operativo.

He de deciros que soy  miembro del proyecto Debian, y  me veo casi en la obligación de comentaros que ya en aquellos días el método de instalación implementado era todo un éxito y para nada complicado. Aún hoy hay gente que se atreve a decir que sigue siendo un lío, pero os digo de primera mano que es más sencillo de lo que parece.

La instalación la realicé dual. Familiarizarme con el sistema de particiones del instalador  fue cosa de veinte minutos, más algunos minutos extra de pruebas. Nada más ver el cargador de arranque GRUB, empecé a pensar que la partición de Windows iba a desaparecer muy pronto de la lista. Dejé que pasaran los cinco segundos de margen por defecto para iniciar a cargar el sistema y arrancó automáticamente. Mi primera impresión al ver el escritorio por defecto GNOME 2.18, si no me falla la memoria,  fue: !WOW¡ ¡Cómo funcionaba, que liviano y con que velocidad ejecutaba cada orden que le daba! Comencé a trastear esa tarde. Me atrevo a decir que mas de un 50% de los archivos que la instalación contenía, contando con archivos del sistema, pasaron por debajo de la flecha del ratón. En ese momento ya tuve totalmente claro que no iba a volver a usar Windows en una temporada.  El nuevo sistema me pareció una obra de arte. Tres días más tarde me descargué Debian Lenny oficial, dejando a un lado la adaptación extremeña, que no era nada mala, de hecho hicieron un gran trabajo. Desde entonces, no he parado de probar todas las distribuciones de GNU/Linux, que han ido saliendo con el paso del tiempo, todas sus versiones y con todos los sabores de escritorios posibles. Por supuesto, con Debian como sistema principal e irreemplazable para mí. Esta es la historia, muy resumida, de cómo el software libre llegó a mi vida.

Tras esta inmensa presentación, estoy aquí como nuevo miembro de Libresfera. Preparado para volver a activar toda la maquinaria, con muchas experiencias y conocimientos de todo tipo. Llevaba cerca de un año pensando en sacar adelante un proyecto de revista online, pero cambié de opinión y decidí darme una vuelta por las que ya conocía. Descubrí que Libresfera ya no publicaba nada en la web. Se dedicaba casi exclusivamente a la emisión del programa de radio. inmediatamente me puse en contacto con el equipo y les comuniqué mi intención de seguir el proyecto. Encantados me han incorporado como encargado de llevar esta página, de despertarla del letargo en el que se había sumergido.

Queridos lectores, desde este artículo quiero demostrar mi agradecimiento al maravilloso equipo de Libresfera por su confianza en mi trabajo. Os prometo empezar una nueva etapa  en la que todos nos veremos enriquecidos y llenos de un aire nuevo.

Gracias por leernos. Nos vemos en las redes.

 

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